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Archivos para diciembre 2010

Reutilización de la información en el sector público

Hace unos días, el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio junto con el de Política Territorial y Administración Pública, abrió a consulta pública el borrador de Real Decreto por el que se desarrolla la Ley 37/2007, de 16 de noviembre, sobre reutilización de la información del sector público.

¿ Porqué no nos preguntaron ?

¿ Se hubiera producido esta situación si hubiera existido un gobierno abierto ? La falta de transparencia, y la toma de decisiones unilaterales han conducido a la Generalitat, gobernada por el Partido Popular con mayoría absoluta a una situación de quiebra técnica. La participación ciudadana no es sólo deseable. Es necesaria. Ahora todos debemos asumir una deuda de 35.000 millones de euros. Sin que nos hayan preguntado.

 

EL PAIS.COM: La Sindicatura de Comptes destapa la deuda desbocada del Consell

Informe Sindicatura de Comptes:
http://www.sindicom.gva.es/web/wdweb.nsf/titulares/23_12_2010_2558643

La Sindicatura evidencia la situación de quiebra técnica en que se encuentra la Generalitat
http://www.levante-emv.com/comunitat-valenciana/2010/12/24/sindicatura-evidencia-situacion-quiebra-tecnica-encuentra-generalitat/768410.html

El pasivo real, incluidos los gastos no declarados en el balance, superaba el activo al cierre de 2009 por primera en su historia – El auditor corrige al Consell y eleva en 3.025 millones la hipoteca de gasto desviado al futuro, hasta alcanzar los 35.126 millones

Sin información no hay democracia

Las tecnologías de información y comunicación son un instrumento imprescincible hacia un Gobierno Abierto. Gracias a Internet, a las web 2.0, el reto de un Gobierno Abierto puede ponerse en práctica a un coste asumible. En un Gobierno Abierto el ciudadano no forma parte de una “operación comercial”, no recibe propaganda gubernamental con información sesgada y manipulada por intereses partidistas. En un Gobierno Abierto el ciudadano puede acceder por sí mismo, a través de internet, a la información en mano de las instituciones públicas, puede acceder a los datos, a los documentos, puede compartirlos en foros y redes sociales, puede abrir diálogos de debate con otros ciudadanos. En un Gobierno Abierto el ciudadano puede participar activamente en la toma de decisiones sin necesidad de organizaciones sociales tradicionales y colaborar en temas relevantes de su comunidad aportando sus conocimientos y capacidades.

Sin respuestas

Hace una semana enviamos un mailing a todos los diputados de Les Corts que tienen email público en la página web de Les Corts: NINGÚN DIPUTADO HA CONTESTADO.

Esto lo consideramos un desprecio hacia los ciudadanos. Máxime cuando en pleno siglo XXI todos ellos cuentan con medios técnicos, pagados con dinero público, sufic…ientes para mantener una comunicación vía internet con los ciudadanos.

Hemos elaborado un pequeño informe con lo que ha ocurrido:

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AVE recrimina al Consell

Contundentes declaraciones del presidente de la Asociación Valenciana de empresarios, a propósito de la gestión económica del Consell, y de la falta de transparencia y publicidad de la Generalitat: Pons afirma: “Las auditorías de mi empresa son públicas”. Reclamó la misma publicidad para los contratos y gestiones realizadas por la administración. Algo que todo el tejido social de esta Comunitat necesita conocer.

EL PAIS.COM: AVE pone en cuestión toda la gestión económica del Consell

La Plataforma Ciudadana GOVERN OBERT – GO! promueve la creación de una Ley de Acceso a la Información Pública, en el ámbito de la Comunitat Valenciana (http://www.governobert.org/ ) Los ciudadanos reclaman conocer en qué , cómo, dónde y de qué manera se gasta su dinero, así como otros aspectos relevantes de la vida laboral de sus representantes electos en lo que afecta a su gestión al frente de Les Corts, organo legislativo de esta Comunitat.

Carta de presentación a los partidos políticos

Hoy viernes 17 de diciembre, se ha hecho entrega de esta carta de presentación de la Plataforma Govern Obert – Moviment GO! en la sede de los siguientes partidos políticos: PPCV, PSPV, Coalició Compromís, EUPV

Carta de presentación de la plataforma GO! entregada a los partidos políticos

Presentación plataforma GO! – Govern Obert

Os convocamos a todos a la próxima presentación de la plataforma ciudadana ‘GOVERN OBERT – GO!’ con la iniciativa de promover una Ley de Acceso a la Información Pública en el ámbito de la Comunitat Valenciana.

El acto se celebrará en el SALÓN DE GRADOS de la FACULTAT DE PSICOLOGÍA de la UNIVERSITAT DE VALÈNCIA, situada en la Av. Blasco Ibañez, 21 (46010) el próximo 14 de Enero de 2011 desde las 19:00 h. hasta las 21:00h. (duración orientativa)

Presentación GO! ante los diputados en Les Corts

Hoy 14 de diciembre 2010 se ha enviado un correo electrónico a los diputados y diputadas con buzón público en la página web de Les Corts Valencianes para dar a conocer la iniciativa Govern Obert – GO!, con el documento que adjuntamos. En él también pedimos la adhesión y la colaboración, tanto de los diputados y diputadas como de los grupos políticos a los que representan. Os mantendremos informados de las respuestas.

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Diputados sin correo electrónico

El correo electrónico podría ser un canal de información excelente para el contacto con nuestros representantes en las Cortes Valencianas. Sin embargo, muchos de nuestros representantes no lo tienen a disposición pública. El gráfico muestra en azul, el porcentaje de diputados que SI que tienen correo electrónico público segun grupos parlamentarios.

 

Esta información es pública en la web de las Cortes Valencianas: http://www.cortsvalencianes.es/Diputados?id_nodo=4012&accion=1&orden=1&&keyword&auditoria=F

Todos los diputados del grupo COMPROMÍS mantienen el canal abierto con el ciudadano al 100%, mientras solamente un 42’8% de los diputados del PSOE lo mantiene público, o un 42’3% de los diputados del PP. Así mismo solamente un  33% de los diputados de EUPV, mantiene este canal abierto al ciudadano.

En defensa de Wikileaks

La Red supone el único reto serio a ciertos poderes constituidos, capaz de garantizar de facto un estado de transparencia. Una sociedad abierta nunca debe castigar el acceso a la verdad.

ERNESTO HERNÁNDEZ BUSTO 12/12/2010 ( EL PAIS.COM – Enlace original)

Como arrastrada por la maldición del código binario, Internet ha vuelto a colocar a la sociedad contemporánea ante un conflicto aparentemente irresoluble, una encrucijada que involucra al periodismo, la política y las nuevas tecnologías. El caso Wikileaks nos muestra con toda claridad el modo en el que el flujo de información marca hoy una nueva fase de las relaciones humanas, con difícil encaje en la política tradicional.

La batalla entre el imperativo de confidencialidad y la libertad de expresión, cuyos “efectos colaterales” hemos visto estas semanas, y cuyas implicaciones finales atañen al funcionamiento mismo de la democracia, trae los ecos de polémicas que han marcado la historia del periodismo, pero también resulta inédita en muchos aspectos. Sin Internet y sin la moderna tecnología de compresión de datos, valga la obviedad, no existiría el Cablegate. Es inimaginable una filtración como esta hace dos décadas: no solo por la facilidad para hurtar los archivos, sino por la ausencia de un mecanismo de fácil acceso a la información filtrada. Si algo hemos aprendido estos días es que la Red representa el único reto serio a ciertos poderes constituidos, capaz de garantizar de facto la posibilidad de un estado de transparencia como el que hoy defienden Wikileaks y sus seguidores.

Habría que empezar por aceptar que el nivel que ha alcanzado la tecnología para filtrar datos y documentos, y para compartirlos con garantías de anonimato, es tal que nos permite dar por sentado más fugas futuras de información a gran escala. Un analista de The Economist lo dejaba claro hace unos días: “Así como la tecnología ha hecho más fácil para los Gobiernos y corporaciones husmear de forma cada vez más invasiva en la vida privada de las personas, también se ha vuelto más fácil para las personas, que trabajan solas o en conjunto, hundirse en y apropiarse de los archivos secretos de los Gobiernos y corporaciones”.

Así visto, Wikileaks sería apenas la manifestación temprana de un fenómeno mucho mayor, que afecta de manera definitiva toda la vida contemporánea: una exigencia de transparencia y una demanda de restricción del espacio de lo secreto. La nueva generación de personas criadas en un mundo digital siente una solidaridad irreprimible con la “causa Wikileaks”: hace mucho que piden mayor transparencia y apertura, no solo a sus conocidos, sino también a sus Gobiernos. Hay un nuevo ethos en ciernes y se respira la vaga sensación de que algo anda mal en los patrones políticos del control de la información. Podemos estar o no de acuerdo, nos puede parecer más o menos gratuito, pero este clima de desasosiego, que incuba las tentaciones del seudoanarquismo y la desobediencia civil, ya forma parte consustancial del espíritu de la época.

Todo esto ha catalizado, de alguna manera, en el caso Wikileaks y en la reciente saga de Julian Assange, convertido por muchos en un nuevo símbolo de la libertad de expresión. Las reacciones en contra tampoco se han hecho esperar. Quizás la manera más rápida de tocar varias implicaciones de este tema sea precisamente detallar algunas de esas objeciones. A saber:

Eso no es periodismo: es la lectura de ciertos puristas del oficio. Tienen razón solo hasta cierto punto. Buena parte del periodismo del siglo XX se construyó a partir de “filtraciones” de información privilegiada. Por supuesto, no es lo mismo pasearse por Wikileaks y glosar una docena de cables que “tener una historia”. Pero sorprende que los defensores de un periodismo ultrafáctico no se hayan dado cuenta de los verdaderos alcances de esta modificación. Assange lo ha llamado, con cierta sorna, “periodismo científico”. “Trabajamos con otros medios”, dice, “para llevar las noticias a la gente, pero también para probar que son verdad. El periodismo científico le permite leer una noticia, y después hacer clic en línea para ver el documento original en que se basa. Así puede juzgarla usted mismo: ¿es auténtica la historia? ¿El periodista informó correctamente?”.

Wikileaks no tiene la vocación ni los recursos para proponer un relato periodístico tradicional. Pero como medio de información o intermediario de nuevo tipo contribuye sin duda al pacto de confianza sobre el que se funda el periodismo moderno: que los secretos, aun aquellos más incómodos, pueden ser revelados en nombre del interés público, y que la prensa exigirá al Gobierno que cumpla con el imperativo democrático de transparencia o pague el precio por ocultar. Cierto: si Wikileaks existe, es también porque la prensa tradicional no ha sabido -o no ha podido- garantizar la confidencialidad de sus fuentes. Pero ahora el intermediario ha acordado con sus informantes que estas exclusivas tendrán el mayor impacto posible, y ha cumplido. Su reciente alianza con importantes medios de prensa obedece a esa exigencia y marca un nuevo patrón a tener en cuenta. Todos salen ganando. O casi.

No hay nada que no supiéramos: es lo que repiten una y otra vez aquellos que no se han tomado la molestia de leer, siquiera, una pequeña porción de los cables revelados. Simple ignorancia. Pero esta queja revela, en realidad, una perversa dependencia del sensacionalismo más obvio; quienes así hablan quieren sangre, buscan escándalos con rostro humano, tormentas políticas que encarnen los secretos revelados. Muchos de estos opinantes supuestamente escépticos se comportan, en realidad, con las mismas expectativas que el Gobierno bolchevique cuando filtró los tratados secretos de la I Guerra Mundial: son estos lectores, y no Wikileaks, los que rebajan el periodismo al “ajuste de cuentas”.

Son chismorreos, no justifican el uso de la noción “interés público”. Periodistas eminentes, como David Brooks o Christopher Hitchens, han reaccionado ante Wikileaks invocando privilegios de la diplomacia decimonónica: el nivel de confianza se verá comprometido, algunas cosas no deben exponerse, la privacidad y la inmunidad diplomática son pilares de nuestra civilización… Aplican las razones de lo privado al marco de lo público, y expresan una veneración casi supersticiosa por un mundo cuya materia fundamental es la intriga. Hablan de diplomacia como Bouvard y Pécuchet se referían a un ábside románico o al duque de Angulema. Deberían remontarse más atrás, a los Borgia o a la diplomacia veneciana del siglo XVI.

La confidencialidad diplomática no desaparecerá. Es parte del mundo civilizado, claro, pero es una convención. Seguiremos pagando a los diplomáticos (no olvidemos que con nuestros impuestos) y ellos seguirán haciendo su trabajo, obteniendo información y tejiendo secretos. Por lo demás, cualquier interesado en que se respete la Convención de Viena debe exigir lo mismo al Gobierno norteamericano, que según estos cables no ha sido demasiado escrupuloso al respecto. Como decía el otro día The Guardian: “Para que la santidad de la valija diplomática signifique algo, debe ser un valor universal”.

Es cierto que las naciones más democráticas son más vulnerables a la exposición pública de sus secretos. Pero el secreto, realmente, nunca es total. Ningún diplomático que se respete cree en la confidencialidad absoluta. Lo que existe es información pública e información para uso gubernamental.

Lo siento por el sanctasanctórum de la diplomacia, pero yo sí creo que el público tiene derecho a saber que China quiere rearmar a Irán y a Corea del Norte. O que estuvo tras el ataque a Google. Que Chávez y el narco financian a Daniel Ortega. Y que los médicos cubanos en Venezuela viven en un infierno de vigilancia, extorsión y chantaje antes de emigrar a EE UU. En estos cables hay muchas opiniones, pero estos son hechos de interés.

Voy a dejar a un lado argumentos del tipo “Assange es un peligroso anarquista”, “Wikileaks es una organización terrorista”, “estamos ante la cruzada personal de un megalómano” o “Assange se aprovecha de la protección de las democracias liberales, pero se niega a someterse a ellas”. No inciden, creo, en la verdadera naturaleza del fenómeno que nos ocupa: el papel que ha jugado, y seguirá jugando Internet para definir las fronteras de la información legítima.

Wikileaks es mucho más que el Cablegate. Lleva años creando una reputación y tratando de garantizar su independencia. Mientras hablaban de Kenia y de Timor Oriental, pocos se preocuparon por su deontología. Ahora la filtración es a otra escala, y las exigencias nos obligan a meditar este asunto con la dosis precisa de responsabilidad y realismo, pero, sobre todo, con la convicción de que una sociedad abierta nunca debe castigar el acceso a la verdad.

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